Se pasaba las noches contando estrellas, y pidiendo a las que pasaban fugaces siempre el mismo deseo, las mismas palabras una y otra vez....
Lo repetía muy bajito, tanto, que ni siquiera ella lo escuchaba; para concentrarse en cada letra cerraba los ojos tan fuerte, que a veces incluso se hacía daño y apretaba los puños, como intentando apresarlo para que no se fuese. De niña siempre le habían dicho que las estrellas fugaces recogían nuestros deseos y que cuando estas llegaban a su