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Me gusta la música lejana
de la feria.
Me gustan esos negros crespones,
esos ojos
que brillan sin remedio.
Me gusta tu sonrisa cuando pasas
junto a mí;
tu seriedad
cuando te quedas lejos.
Me gusta el tono cálido y mimoso
de tu voz.
Y ese nervioso taconeo de tus zapatos,
y esa frescura de tu boca cuando ríes,
y esos dientes tan blancos...
Son tus manos dos palomas
volando hacia el palomar.
Es el palomar el viento
que viene hacia ti del mar.
(Las palomas de tus manos
siempre errantes volarán.)
Llega el ocaso a la playa
porque la luz cae al mar.
Si el ocaso es en tus ojos,
la luz...¿dónde caerá?
(Se la llevan malos vientos
camino de la ciudad.)
¿Qué tienes que ni las olas
consiguen tu despertar?
A tu lado un marinero
Afloran de las fuentes de tus ojos
Manantiales de risa cristalina,
Acallando de forma repentina
Rumores del verano entre matojos.
Inmodesto, huérfano de manojos,
Luce con insolencia libertina,
Y taladra tu boca femenina,
Noble un clavel, entre tus labios rojos.
Maravilla de gracia y donosura,
Obsequio de los dioses
Vienes y vas como un vilano errante
llevado por un viento persistente,
sin advertir apenas la corriente
de vida que pasa a cada instante.
Caminas con el paso vacilante
tras un sueño lejano e inconsciente
que hace tiempo te ronda por la mente
y hoy te lleva por sendas delirantes.
Detén tu loco errar, sueño imposible,
para que mi razón encuentre calma
y vuelva a caminar entre los vivos.
De lo contrario,