La sala estaba abarrotada de libros unos sobre otros esparcidos por el suelo, arriba de mesas de madera así como una farola, una por aquí otra por allá, iluminando toda la estancia dando un efecto grisáceo. Se podía apreciar banderolas esparcidas a lo alto de una pared, sucias por supuesto.
En el ambiente existía un olor rancio, producto propio del encierro, así como la humedad, la cual daba la sensación de frío sobre el cuerpo.
Mira, ¿cómo podré explicártelo mejor? Nuestra relación fue todo un guante hasta que.. la felicidad se convirtió en humo. Sondeaba cada parte de tu cuerpo con aplomo, pero lo tuyo era simplemente un arte decorativo; tanteo sin maña del mío desnudo, moldeando así su diseño queriéndote deleitarte en cada recodo del mismo.
¡¡Vaya ventana que resulto ser esa conducta!! Querías pero no podías, te animabas y te retenías, pretendiendo tener un desinhibido atavío; caprichos que te convertía vehemente