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El zorro llora,
frente a la luna,
nada lo consuela
su corazón se enferma.
El zorro pide a la luna
que su mamá vuelva,
quiere alegrías
en su alma buena.
Pobre zorrito
cuanto le llora a la luna,
qué triste lo mira
y lo abraza con su luz
divina.
Yaneth Hernández©
Tío conejo
de sombrero corto
y levita blanco
pasa corriendo
entre las flores
loco, loco
como un trompo.
No tiene tiempo
ni para un café
que lleva en una taza
al revés.
Llueven caramelos,
zanahorias y algodón
es el mundo de tío
conejo el orejón.
¡Es la siete! ¡Es la siete!
y la luna ya sale a buscar
paletas, no le gusta el dulce,
pero come chocolates
a montón.
Ramos de acacia iluminan la
luna, Sor Juana de la cruz
escribe con el alma desnuda,
en su claustro de heno y lluvia.
Poemas de viento, sol y horizonte
contemplan la pluma de la monja
ausente.
Lento respiro de su mano nace
con palabras sacras de inspirada
gracia, don divino que se ufana
siendo carmelita en hábito de
lana.
Profesó la orden jerónima con
humilde devoción, sin dejar de
Doncella de oro y plata
con ansias infinitas
de ser amada,
por tu petulante anhelo
las rosas desmayan.
Capullos de silencios
inundan la alcoba,
la luna en romance
se acerca a besarte.
Una sombra de terciopelo
varonil enamora
tu silueta, cándida
Y gentil te dejas envolver,
Ocultando tú tímida
Gracia de mujer
Codiciando la boca
del caballero galvaniza,
tus
Tú, diamantina luz que derraman los
altares, fuerza sideral que circundan
las noches, tropel de estrellas alucinantes,
en ti llamea la pureza del alma.
Tú, cabalgata de unicornios de celestiales
brillos, hadas vírgenes de madrugadas,
lluvia de rocío en jardines antiguos, en ti
nace la paz del mundo.
Tú, pincel de Gauguin que con lienzo
de espuma plasma tu risa, eres acantilado
en las sombras de festivales