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Podríamos llamarle
amor a nuestro oficio de luces apagadas,
a cada cremallera
que cede a tu chantaje y a mis manos
contra la burocracia de tu ropa.
Hay un millón de fórmulas para encubrir un crimen
contra la rigidez de la semántica.
No podemos negar que en esta entrega
de cuerpos,
cuando se ha sobornado a los testigos
el ritual
Sé que el despertador
vendrá para saldar su compromiso-
y no tendrá piedad en nuestro encuentro:
inflamará las horas
que dediqué a buscarte entre las sábanas
con un calor distinto
y sin consumación-.
Sé que después los trenes
aplicarán su disciplina de rapiña
con nuestros cuerpos fríos,
y vendrán los minutos con su fiebre,
y la megafonía
querrá multiplicar en los andenes