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Si la distancia no se escucha y el tiempo ha dejado de hablarnos,
¡qué más da! otro día,
que vengan todos y de golpe,
sin eufemismos ni delicadezas,
que vengan todos los días y todas las noches,
que nos cojan desnudos,
medios dormidos,
-igual que la vida-
y que dejen de matarnos ¡tan! de a pocos
que arremetan y las mañanas cesen
-de pronto-
Para qué tantos días si la vida, entera, se me va en tus ojos.
Caminas.
Te veo.
Sonríes.
Pero mi mundo
es sombra extinta detrás de tus labios,
mi oscuridad no sabe de luces,
la palabra muerta; no hablará más.
Tan sólo el recuerdo dice algo…