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¿Te conté qué soñaba?
Te recorría,
me deslizaba,
me perdía en tus profundidades,
Agobiándonos, explorándonos, conteniéndonos,
cayendo al abrigo de tus brazos
quise probarte y no encontré el anhelado gusto a pan, miel y sal de tu piel,
entonces casi admití el ensueño,
a pesar y a causa de tu presencia
en duermevela te intuí, te aceché, y finalmente te encontré
¡tan indefenso! niño perdido en el mundo hostil,
debí conmoverme y protegerte,
Virgen del Rosario,
Madre pura,
Que vuelva,
Que me busque,
su piel en desasosiego,
vacilando, aguardando descanso en mis tinieblas,
Madre santa, que me añore,
que mi huella queme en sus labios,
sediento, urgido de savias humedades
Purísima señora,
que la inquietud de ese amanecer anide en él,
que la angustia del deseo, sea un dolor tibio y dulce,
que anhele, que no quiera esperar,
que en su noche el recuerdo estremezca