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Qué será lo que me sumerge en esta intriga,
en ese recuerdo del pasado,
en el vaivén de estos sentimientos
que me están ahogando;
por qué sigue buscando mi boca
el sabor de tus besos,
y aún hoy, rodeado de misterio,
quiero tenerlos;
a quién debo implorar
para conseguir tu aliento,
para saciar las caricias
que me devuelven los sueños,
esos sueños que buscan de nuevo
retornar a tu cuerpo…
Se torna luminosa la mirada,
su nombre se quiebra en mi garganta,
la piel resbala en mis manos,
mi boca en sus labios se sacia;
desgrané sus palabras en mis versos,
saboreé la miel de sus pecados,
amé el silencio que imploraba
cuando los cuerpos quedaban saciados…
Dejé que fluyera mi poesía
-que se enredara en sus sueños-
busqué en su imagen el remanso
de ese amor que aún siento;
quiero arrancar del recuerdo
ese vil tormento,
Se encuentra frente al espejo
-su alma se deshace-
le abruma el oscuro resplandor
que sobre él nace;
comienzan a aflorar los secretos
de aquél momento,
se hunden en el infinito
para acabar muriendo;
asoma la sombra de la duda
-la encarna la musa misteriosa-
aquella que reveló en sus versos
la enigmática figura sinuosa.
¡No dice nada!
La embarga el tormento
de aquella mística figura
que sigue
No es tu mirada,
ni esa paz que descubro en tus sueños,
ni siquiera la miel de tus labios
de la que me creo dueño;
no es el aroma de tu pelo,
ni la esencia de tu cuerpo,
ni los pétalos de tu vientre
que sostienen mis besos;
no son tus palabras las que hieren,
son mis sentimientos,
esos que han visto a tu alma
sufrir en silencio…
Abre tus alas, pensamiento,
bríndame la frescura del consuelo,
deja que beba su liquido aromático
en la memoria del arroyuelo.
Y bajo este sol que desfallece
dale sombra a mi quebranto,
permite que acaricie su hermosura
y recoja las lágrimas de su llanto;
esa inquietud que dejé en su alma,
ese sufrir que deposité en su cielo,
castígame a mí… ¡que no despierte!
Y déjala a ella dormir su sueño.
Yo soy quien dejó