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Respiro el mismo aire que te alumbra,
te acuestas bajo mi piel, tortura.
Escucho la sinfonía de tu altura,
te lamentas en mi pecho, a oscuras.
Desgarro escamas de tu cárcel,
te alejas lento de mi nunca, ángel.
Recorro tu agonía entre lunares,
te acercas a mi pena, dos volcanes.
Paseas entre preocupaciones perdidas,
lidero el centro de amargas pupilas.
Ojeas mi desarraigado frío cuerpo,
encadeno un beso, tus roídos