Alguna vez, en la sombra de la tarde, se cruzó con vosotros, con la mar y el naufragio en la fragilidad de su osamenta. Corroída de nieblas, incinerada en el fuego de los hombres, paseó, por sitios casi extraños, su desnudez de lluvia. El laberinto blanco de los sueños.
Actriz y espectadora, en esta obra que nunca admite ensayo, se apropió de mi nombre, se apropió de mi vida, sin importarle nunca que tejiera