Este romance hubiera sido para mi hija, pero la vida me dio dos preciosos varoncitos...

blanca su piel, es su sueño
cumplir, como hada, deseos.
centenares de te quieros,
su voz suave es mi contento,
y escribe “te adoro mami”,
¡Qué placer poder leerlo!
En las noches cuando llega
que le relate algún cuento
nos remontamos, sin tiempo,
hasta el lugar donde todo
se olvida y no existen miedos,
ni cucos, ni brujas malas,
solo princesas y un cielo
y todo el mundo es muy bueno.
para darte, en este pecho.
Fabiana Piceda

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