Me puse los vaqueros, hoy prometía ser un gran día, había quedado a las 12.30 para recoger a Diana a la puerta de su casa, Diana tiene una melena larga, muy larga, y lisa, el pelo negro contrasta con sus ojos grandes y azules, los mas azules y profundos que jamás he visto, es lo que mas destaca la gente de ella, pero para mi todo su cuerpo es increíble, sus curvas, su forma de andar, sus gestos al hablar, todo.

Una vez vestido salí de casa con el firme deseo de acabar la noche rodeado por sus brazos, cogí el coche y fui a su casa, estaba esperándome en el portal con ese aire despreocupado que la caracteriza, con la sonrisa bien abierta al verme, iba vestida con un pantalón vaquero cortito, muy cortito, y un top negro, llevaba el pelo recogido en dos trenzas laterales que la daban un toque salvaje y juvenil a la vez, se subió al coche y me dio un beso amable, el viaje era largo hasta Potes, a donde íbamos, así que puse Extremoduro en el cassette y disfrutamos del viaje, recuerdo que no paro de hablar en todo el viaje de lo bien que la iba en el nuevo colegio en el que daba clase a niños de 10 años.

Una vez instalados en la casa rural, es decir, con las mochilas posadas en el suelo y los Héroes del Silencio sonando a todo trapo, decidimos el plan mirando el paisaje que nos rodeaba, Picos de Europa en primavera, los árboles brotando, hayas y robles, la nieve en los picos altos como si estuviera defendiendo un fortín inexpugnable, y paz, mucha paz.

Decidimos hacer una ruta de 12 km que partía y finalizaba a la puerta de la casa donde estábamos, ninguno la conocíamos y nos apetecía descubrir cosas nuevas juntos, sin guías ni sabios, solo camino por andar y abrir, al menos para nosotros. La ruta era muy asequible, un desnivel de 200 metros y un sendero muy pateado lindado por hayas centenarias la primera parte, según subíamos ( estábamos ya a 900 metros) el paisaje cambiaba a matorral bajo y praderas verdes, típicas de primavera, caminábamos de la mano, tranquilos, mirándonos y observando todos los detalles que nos rodeaban, a mitad de camino vimos una madre jabalí con sus 4 crías cruzando a paso rápido el camino, una imagen bonita en la que Diana nos imaginó a nosotros con 3 hijos algún día , al volver a casa nos descalzamos en la entrada, y nos quitamos la ropa llena de barro y agua, había empezado a llover 1 km antes de llegar a la casa y corrimos, en un principio, después nos quedamos parados, besándonos, mojándonos, disfrutando del momento hasta que la cordura volvió a nosotros y seguimos corriendo despavoridos hasta la puerta de casa. Su cuerpo desnudo y mojado se junto con el mío, nos pegábamos y nos fuimos a la ducha, una ducha corta y juguetona, nos vestimos y bajamos abajo.

Lo primero, puse concierto para clarinete y orquesta en La Mayor k622 de Mozart e interpretada por Vinicio Meza para que se relajara sentada en el sofá mirando la lluvia y las montañas a través de la gran cristalera que teníamos en el salón, apile unos troncos en la chimenea y la encendí, allí la deje, tumbada y con los ojos muy abiertos mirando al infinito, supongo que estaría pensando en el amor, en el desamor, en la tristeza recitando para si algún poema extraño de William Blake.

La cocina quedaba para mi, había traído 6 cosas: Salmón, calabacín, pimiento y tomate, una caja de 6 botellas de vino blanco y un ramo de margaritas azules, el cual la di antes de comer y después de servirla una copa de vino.

La comida fue apacible y relajada, hablamos de todo, ella parecía feliz y me contagiaba completamente, cuando acabamos de comer me levante de la silla y me subí en ella, la dije OH CAPITAN MI CAPITAN y la recité este poema de Neruda:

Es la mañana llena de tempestad
En el corazón del verano

Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes
El viento las sacude con sus viajeras manos.

Innumerable corazón del viento
Latiendo sobre nuestro silencio enamorado.

Zumbando entre los árboles, orquestal y divino,
Como una lengua llena de guerras y de cantos.

Viento que lleva en rápido robo la hojarasca
Y desvía las flechas latientes de los pájaros.

Viento que la derriba en ola sin espuma
Y sustancia sin peso, y fuegos inclinados.

Se rompe y se sumerge su volumen de besos
Combatido en la puerta del viento del verano.


Lo único que cambio en su semblante mientras la recitaba fueron sus ojos, parecían brillar de emoción, de alegría, cuando acabé, se levanto y se subió conmigo a la silla, los dos juntos en la silla, tambaleándonos, aguantando el equilibrio, ella parecía excitada, me besaba en todas partes, me abrazaba, me decía que me quería, yo la respondía , yo también a ti, sin parar.

El tiempo que paso entre ese momento y cuando me desperté en el sofá junto a ella no sabría decirlo, en la calle la oscuridad imperaba con destellos ocasionales de rayos y truenos y el sonido fuerte de un gran chaparrón, me levante evitando despertarla, mientras me ponía el pantalón mire su cuerpo desnudo que había recorrido con mi lengua no hacia mucho tiempo y ya tenia ganas de volverlo a hacer, su piel morena, sus pechos perfectos, su tripita, su ombligo, me espabile y fui a la nevera a por vino, me serví una copa y bebí mirando la tormenta.

A la tercera copa la note que se despertaba y la recité unos versos que compuse mirando la tormenta:

No queda nada para decir tu nombre
Eres sol, yo, en un bosque cerrado.
Te veo, aquí, a mi lado e iluminando
A los desvalidos que abrimos los caminos.

Me miro y me dijo, quiero bailar contigo, se levanto desnuda y puso un disco de Bob Dylan, sonaron los primeros acordes de Knockin´ on heaven´s door, rodee su cuerpo desnudo apoyando su cabeza en mi hombro derecho y a la mía en su izquierdo, nos movíamos tranquilos, pasitos cortos y acompasados, como bailan los yankees en sus bailes de fin de curso, trajeados, con acne y una limusina esperando en la puerta.

Sonó el mismo de disco de Dylan unas 1000 veces, entre beso y beso, caricia y caricia, rayos, luego los truenos, chaparrones, el calor de la chimenea y de nuestros cuerpos, cuando nos tiramos al suelo y la comí a besos sonaba eso de : The answer my friend is blowing in the wind, en el suelo sobre la mullida alfombra nos besamos, nos recorrimos, nos conocimos, nos fundimos disfrutando cada momento, sin prejuicios, sin vergüenza, solo cariño y respeto.

El cuarto estaba iluminado desde una esquina por la chimenea, una luz tenue y movediza, que hacia sombras de nuestros cuerpos iluminados como ángeles cuando un rayo entraba por la cristalera seguido por un estruendo que imitaba nuestras respiraciones, lo que siguió es solo una anécdota en un mundo donde las preocupaciones y los problemas pueblan los pensamientos de las personas, donde la rutina marca las vidas, donde salirse, vivir diferente, ser diferente es algo castigado con fuerte desprecio, siempre seremos diferentes, al menos eso creemos nosotros y así seguiremos.