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Tema: Un cuento: El ratón en el laberinto

  1. #1
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    Un cuento: El ratón en el laberinto

    Érase una vez un ratón que luchaba denodadamente por encontrar la salida del laberinto en el que se encontraba. Pasillos y más pasillos, giros a la derecha, giros a la izquierda… De vez en cuando algún trocito de queso, que más que una recompensa se le antojaba un simple medio para que siguiera buscando ese Gran Trozo de Queso que le habían prometido si hallaba la salida.

    Un día, y otro, y otro más, el ratón perseguía su objetivo inútilmente, topándose con paredes, pasillos sin salida, bifurcaciones, más paredes… ¡No entendía nada! Suponía que, aunque sólo fuese por razones estadísticas, a medida que el tiempo avanzara debería ser más probable escapar por fin de aquella tortura. Pero nada más lejos de la realidad: aquel laberinto parecía no tener fin.

    Hasta que un día, exhausto y a punto de morir de cansancio, se quedó inmóvil en medio de un pasillo, inerte, oyendo sólo su respiración jadeante, y preparándose para lo peor. Y, de repente, vio la luz. Algo se encendió en su consciencia y encontró sentido a lo que le estaba ocurriendo: Aquel laberinto parecía no terminar nunca porque a medida que él recorría sus pasillos alguien iba modificando su distribución. Alguien estaba añadiendo tabiques, cerrando pasillos, abriendo nuevas desviaciones, de modo que era imposible que el ratón pudiese librarse de su suplicio.

    Cuando la verdad se reveló ante él, se sintió indignado. En varios sentidos:

    1.- Indignado, porque le habían despojado de su dignidad, asemejándole a un juguete roto en manos de un niño.

    2.- Indignado, porque su rabia y su enfado eran su reacción, su forma de rebelarse ante aquellos que habían jugado con su destino, prometiéndole un falso premio con unas falsas reglas a seguir.

    Entonces, el ratón indignado decidió comenzar a destruir los tabiques que lo encerraban en una trampa eterna. A veces los roía, otras embestía contra ellos para atravesarlos, pero estaba resuelto a no seguir nunca más las normas que le habían impuesto, incluso a riesgo de morir en el intento.

    No se sabe si finalmente consiguió superar la última pared y alcanzar la libertad. Esa parte del cuento todavía no está escrita.

    Ahora, les propongo un juego: cambiemos el ratón por un hombre, el queso por su Felicidad, y el laberinto por el sistema capitalista.

    La Felicidad que nos han vendido es falsa, y las normas para alcanzarla también lo son. Tal vez sea demasiado tarde para romper todos los tabiques del laberinto, pero si no lo intentamos moriremos exhaustos en su interior.
    El beso es un truco encantador diseñado por la naturaleza para dejar de hablar cuando las palabras son superfluas. La Poesía es el beso del alma

    "Estoy actualizando, poco a poco, mi blog en Monosílabo con todos mis poemas publicados. Sed bienvenid@s si deseáis visitarlo" (Antonio-Alatriste)

  2. #2
    Miembro Sobresaliente Avatar de Rodrigo Malaventura
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    Es cierto,... ya lo dice Don José Luis Sanpedro:



    La cuestión es,... ¿sabremos derribar los tabiques y encontrar la salida?,... el tiempo dirá.

    ~ § ~ Rodrigo Malaventura ~ § ~
    Capitán de los Tercios Viejos del Rey

  3. #3
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    Creo que el ratón lo que tenía era un hambre tremenda,tan tremenda que era imposible sentirse indignado, hubiera continuado entrando y saliendo de los pasillos hasta morir de desfallecimiento, o de hambre...Y si el ratón lo convertimos en hombre, pues apliquemos el cuento.

  4. #4
    lunenka
    Guest
    Hola Alatriste.
    De acuerdo, el raton es un hombre (es que lo es) el queso es su felicidad (es que cuando la tiene delante no la ve, ya no delante,
    ya en él) el laberinto es "su sistema capitalista". Es el propio hombre el que hacinado en su riqueza, la que el consigue a golpe
    de estupidez, porque a fin de cuentas ¿ que es un sistema capitalista? ya lo sabemos, donde unos tienen muchos y otros tienen muy
    poco o nada. Ya le puedes dar al raton-hombre el queso mas grande que exista, que él seguirá viendolo con ojos de miope, no le hace
    falta laberinto, es su propio laberinto.
    Me gustó leerte, amigo.
    Besitos
    Lunen

  5. #5
    Miembro Sobresaliente Avatar de Alatriste
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    En primer lugar, quiero agradeceros a todos vuestras aportaciones.

    Este cuento surgió como una especie de soflama, de desahogo, pero no pretende ser una proclama sesuda contra nada ni anti nada. Y mucho menos es un ataque contra el sistema político actual.

    Del mismo modo que la energía nuclear no es mala en sí misma, pero puede provocar matanzas atroces si se utiliza para fabricar bombas en lugar de para alimentar quirófanos.

    Del mismo modo que Internet no es malo en sí mismo, pero puede fomentar la proliferación de redes de pederastia y delincuencia en general a la vez que facilitar el acceso a la información a muchas personas que carecían de él.

    De ese mismo modo, no es el sistema democrático el culpable sino el uso perverso que de él se ha establecido para beneficio y abuso de unos pocos. Por eso no creo que sea atentar contra el sistema democrático proclamar en voz alta que es mejorable y debe ser mejorado para acabar con esta lacra que ha convertido a los servidores del pueblo en una élite y al pueblo soberano en un cero a la izquierda.

    Es decir, no podemos responsabilizar a las herramientas sino al uso que se hace de ellas: una azada abre surcos en el campo para sembrar y recoger el sustento de una familia, lo mismo que abre una brecha en un cráneo para acabar con la vida de un semejante.

    Pero este cuento sí es un ataque directo contra el sistema financiero actual. En mi opinión, el dinero se ha convertido en el centro del Universo, porque se ha convertido en la principal fuente de poder. Hemos pasado de tener una sociedad en la que el dinero era una herramienta más de convivencia, creado para sustituir al trueque y facilitar las transacciones, a una sociedad en la que todo se puede comprar con dinero.

    Donde rige el principio teórico de que a más trabajo mayor recompensa, a más mérito más riqueza. Pero en realidad los más ricos, los que más poder acumulan, suelen ser los que menos principios y escrúpulos tienen, los más corruptos. Han montado un tenderete que, con el tiempo, se ha infiltrado en todos los ámbitos de la sociedad. De modo que ya no podemos vivir sin ellos, los necesitamos para cualquier cosa. Hasta el punto de que se inventaron incluso transacciones virtuales, valores sobre futuros, cotizaciones de riesgos... conceptos tan absurdos y tan innecesarios que alimentaron su poder con grandes beneficios, y permitían contentar a las masas con las migajas de esos beneficios.

    Y ahora resulta que todo el montaje se viene abajo, ellos dejan de ingresar parte de sus beneficios, el pueblo se queda sin nada, pero como todo está montado en torno a su tenderete (el sistema financiero) resulta que nadie puede pedirles cuentas, que lo prioritario es ayudarles para que la estructura no se caiga. Porque dicen, y eso es lo que ellos quieren que creamos, que si el sistema se cae del todo será el caos y la tragedia. Que no existe otra forma de articular la sociedad. Que no podemos ser felices si no centramos nuestra vida en querer acumular más y más.

    Por eso, amigos míos, el laberinto es el sistema financiero, el queso es el ideal de nuestra Felicidad, y el ratón somos nosotros. Que no sepamos qué nos espera fuera del laberinto no quiere decir que no debamos aventurarnos a averiguarlo, no quiere decir que nos conformemos con el modo de explotación que sufrimos actualmente porque a lo mejor la alternativa es mucho peor. Quien quiera peces ha de mojarse el culo.

    Los grandes progresos en la Humanidad, los grandes cambios, han venido siempre por decisiones valientes. Y me gustaría que esta vez ocurriera algo parecido. No por mí, que llevo toda la vida en el laberinto y me queda más bien poco de estar en él, o fuera de él. Pero sí por mis hijos y las generaciones futuras. Por eso estoy indignado.
    El beso es un truco encantador diseñado por la naturaleza para dejar de hablar cuando las palabras son superfluas. La Poesía es el beso del alma

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