¿Es tan dura la falta de interés?




Conocido es el chiste de un hombre ( o una mujer...conflictos con feministas, no, por favor) a quien le preguntaron si se había casado por amor o por interés. Respondió: “Pues debe haber sido por amor, porque lo que es interesarme, no me interesa nada”.

Lo menciono porque en varias ocasiones me he preguntado hasta qué punto la llamada psicología doméstica, o de divulgación, puede conseguir tal arraigo en nuestras costumbres que desplace al sentido común.

La falta de interés es algo tan perceptible, me parece, que no requiere estudios previos profundos, ni siquiera de folletos semanales de kiosco, para captarla.

Pero los folletos mencionados, amén de artículos de lectura fácil en revistas del corazón nos enseñan a manejar ciertos conceptos.

Se introduce un buen día el tema del miedo; no digo que en sus inicios la presentación del tema no tenga ciertos visos de sensatez. “Querida amiga, ese hombre no te quiere lo suficiente, el miedo a perder su familia, su mujer y sus hijos, su posición, es más fuerte que su amor por ti”

Traducción del mensaje subliminal: “NO es que no te quiera, no es que no le atraigas, no es que no le intereses; tú eres digna de ser amada por cualquiera, eres atractiva, deseable, interesante y prácticamente irresistible. El problema es el miedo, ese hombre es un cobarde”

Gusta. Es una forma de ver las cosas que gusta, sobre todo por lo que puede dar de sí.

Puede ocurrir que el hombre no sea casado. ¿Sigue sirviendo, el apetecible planteamiento? Por supuesto que sí: “Está loco por tus huesos, daría la vida para poder estar contigo, pero...el miedo a perder su libertad, a enamorarse tan perdidamente (lógico, pensando en como eres) que pierda el control sobre sí mismo...eso, precisamente, miedo a dejar de controlar y , en fin, ese hombre es un miedoso y la explicación real de que se quite de en medio es el miedo. A las complicaciones, a una vida apasionada, a perder su tranquilidad egoísta...”
¿Se capta la idea?

Todos somos psicólogos en potencia. A veces, incluso en esencia. Así que nos apuntamos encantados a comprar fascículos que nos enseñen a manejar la verborrea del tema del asunto.

Ahora cada vez hay menos hombres y mujeres que no sean objeto de apasionado deseo. En contraste, hay muchos más hombres y mujeres cobardes que antes de lo de la psicología en fascículos.

Conozco a un vendedor de enciclopedias que ante los clientes que manifiestan no estar interesados por su producto, entrecierra los ojos, luce su mirada más penetrante y asevera “Lo que pasa es que usted tiene miedo, no que no le interese lo que ofrezco. Usted tiene miedo a la responsabilidad de culturizarse”

Desconozco su situación en el ranking de ventas de su empresa. En cambio, me consta que sus progresos atléticos para recorrer velozmente distancias cortas ( de la puerta de una casa a la calle, por ejemplo) son notables.