Ante los Bárbaros I
La amarga desesperanza, que los problemas insolutos de la
política tormentosa y servil de los pueblos, deja en las almas
apasionadas y altivas;

la tristeza insondable, que la crueldad de la vida, arroja sobre los
espíritus luchadores, que han visto sus quimeras de libertad plegarse
en el crepúsculo de los sueños, como estandartes heroicos,
desgarrados, que desaparecen sin rendirse, dejando solitaria el asta en
que flamearon;

el espanto, que loa bramido bestial de la multitud estulta, causa en
el sagrado pudor de las ideas;
el asombro, probado ante el contacto de la vileza humana, que
hace diluir en desprecio las cimas ríspidas de la más alta ambición;

la repugnancia que inspira la lucha inevitable de la Envidia anafrodita,
inconsolable y soberbia, ante la fecundidad prodigiosa del genio;
la desilusión colérica de quien ha creído en el apostolado de la
Palabra, en el sacerdocio del Pensamiento y, ve de súbito la Histrionía
tribunicia profanando la cátedra y el ara y, el santuario mancillados:

el desencanto de las almas que han visto la esterilidad de la su
vida, la inanidad de su sacrificio, la torpeza de su adhesión al culto de
ideales pisoteados por la multitud irresponsable y, trágica –a un mismo
tiempo augusta y vil- y que han sorprendido en la faz de ese
monstruo, poliforme y rumoroso, la expresión de desdén estúpido que
le inspiran los hombres superiores, porque ella no ama sino la
mediocridad sumisa, que mira y no fascina, lame y no muerde, gime
y no ruge, acaricia y no desgarra... y ¡tiene miedo a la zarpa del león!

el desaliento invasor, la suprema desconfianza, que caen sobre el
ánimo, a la interrogación del porvenir, de la quimera formidable, que
se esboza en el fondo del Misterio;

la resignación al vencimiento, la nostalgia del ideal, todo eso que
sume el alma en una quietud augusta y cineraria y la envuelve en un
halo melancólico de tristeza infinita, como la de las naves y los soles
que se pierden en las lontananzas maravillosas de los horizontes
marinos;

todo eso arroja el alma asombrada y vencida, en el reino
inmutable del Silencio!...
pero, el Silencio, no es la Vida;
el Silencio es, el sello de la Muerte;

versión actualizada de Vargas Vila
por sm@rti
agosto del 2011.