GAZPACHO PARA UNA TARDE DE VERANO
8 granos de comino
un diente de ajo
una cebolla picada
cien gramos de pan tierno remojado
6 tomates maduros
una cucharadita rasa de pimentón dulce
1 litro de agua muy fría
decilitro y medio de vinagre
un cuarto de litro de mahonesa
sal
~†~
Comprendo que, en la mayor parte de las ocasiones, la inspiración no es más que una mezcla de concentración, dedicación y tiempo, una tediosa y lenta búsqueda de la materia prima de la que están construidos los sueños, y que luego intento traducir a palabras garabateadas en un papel o en la pantalla de un frío ordenador, pero en ocasiones, la vida premia mi esfuerzo creativo con la presencia de las musas en carne y hueso. Es comprensible que ante lo inesperado se actúe con cierta cautela y pudor, máxime cuando las dos musas en cuestión son eso, dos musas, pero su franca y sincera sonrisa me hace recobrar la confianza en mi mismo y escribir algo con lo que alimentar su parnasiana vanidad de diosas del viejo y olvidado Olimpo.
Ya sé que podríamos habernos encontrado en cualquier otro lugar, podría haber sido en uno de esos lugares solitarios frente al mar, de los pocos que quedan ya en la costa gaditana y que tanto me gustan, o quizá en el pantalán de la escuela de vela dispuestas a salir a la bahía con un velero de alquiler, o paseando por el mercado de algún pueblecito serrano, entre aromas de verduras y especias que evocan pasados árabes o judíos, incluso podríamos habernos conocido en el bar de copas de mi amigo Luis, al que veo menos de lo que me gustaría, saboreando alguno de sus terribles chupitos pasados de alcohol. Pero no, no señor, las musas son mujeres al fin y al cabo, y como tales, totalmente imprevisibles e incomprensibles para la corta mente de un masculino cromagnon como el que escribe, y por mis pecados, llegasteis para inspirarme en mi lugar de trabajo.
¿Dije antes que los ordenadores son fríos?, No es cierto, mi relación con mis dos musas solo da frutos ante una de estas infernales máquinas, solo aparecen cuando necesitan de los arcanos binarios y hexadecimales para sacar adelante sus eruditos estudios poblacionales, datos sobre grupos de personas, que ellas estudian y tabulan para crear sus informes y que yo, esclavo de sus beldades y sin esperar (pobre de mi) otra cosa que su sonrisa, transmito a un soporte adecuado para su presentación o corrección por sus dioses (o diosas) superiores.
Como todas las musas, estas dos que ahora me ocupan, son caprichosas, vienen y van, hoy están aquí y mañana ¿quién lo sabe?. Como las demás musas fugaces pasan corriendo sobre el Eliseo de la vida buscando un lugar donde plantar sus cuarteles, no os ceguéis con el verde inmenso de los prados y acordaos de las pequeñas flores que encontráis a vuestro paso.
Creo que era Oscar Wilde el que, en "La Rosa y el Ruiseñor" decía aquello de que "Los músicos estarán sentados en su estrado, y harán surgir la música de sus instrumentos, y mi amada bailará al son del arpa y el violín. Ella bailará tan levemente, que sus pies casi no tocarán el suelo, y los cortesanos, con sus trajes fastuosos, formarán corro en torno suyo para admirarla. Pero conmigo no bailará, porque no tengo una rosa roja para darle".
Lejos de encontrar la rosa roja, me decanto por evocarlas con algo más prosaico, creo que algún plato racial procedente de la zona donde nacieron, definiría con algunas garantías sus diferencias y conseguiría fusionarlas, quizá algo fresco, algo que reúna distintos ingredientes para construir un plato clásico y genial con alguna pequeña frivolidad para marcar su esencia, su alma de musas divertidas, ingenuas y caprichosas, ¿qué tal un gazpacho?
~†~
En un mortero se machacan hasta convertirlos en pasta, el comino, el ajo y la cebolla. Cuando todo está bien deshecho, se añade el pan. Se continua machacando y se incorporan los tomates sin piel, sal y media cucharadita de pimentón y, mas tarde, medio litro de agua y el resto del pimentón. Todo esto se pasa a través de un colador. La crema se recoge (como manda la tradición) en un lebrillo de barro. Añadir el vinagre, el resto del agua y la mahonesa, poniéndolo sobre hielo hasta el momento de servirlo.
Como guarnición se puede usar tomate, pepino, pimiento y corteza de pan cortados a taquitos, y que previamente se han de dejar macerar en cazuela de barro, con sal y aceite por espacio de hora y media.
~†~
Esta receta está tomada del ya histórico libro "Viaje por la cocina española" de Luis Antonio de Vega, y corresponde al gazpacho con que le obsequió el rejoneador Álvaro Domecq en su finca de "Los Alburejos" una tarde de tientas y merienda.
El cuento es cosecha propia y esta dedicado a mis amigas Elena y Mª del Carmen,... que tienen mucho que contar.
Marcadores