Me encantó!! ¡hicistes que retuviera la respiración junto a Carlos!! Mis aplausos señora poeta, toda una obra de arte la suya y un abrazo por supuesto.
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El fuego del hogar caldeaba la habitación, dándole un aspecto acogedor y sosegado.
Apenas quedaba iluminada por el resplandor de las llamas ambarinas, que bailaban en una cadencia singular.
Tras los cristales aparecía la noche, las nubes ocultaban la luna y su séquito de estrellas. Noche cerrada, podría decirse, tan solo el fugitivo viento se manifestaba, soplando y agitando los dóciles árboles. Parecía escucharse una destemplada melodía, casi un lamento. Excepto eso, todo dormía, incluso el color.
Ella, acomodada en la butaca, escuchaba música con su iPod con los ojos cerrados e inventaba una danza en su imaginación para esos compases. Necesitaba escoger una pieza para la representación navideña de sus alumnas.
Era profesora de danza, se dedicaba a ello profesionalmente desde hacía algo más de dos años; aunque dedicó la mayor parte de su vida a su aprendizaje y perfección.
Desde su tierna infancia aprendió las palabras estrictas de punta, punta, punta..., las cuáles, junto con su tesón, le llevaron a no abandonar nunca su amor hacia la danza.
Escuchó por encima de su sonido musical otro más fuerte, un golpe.
Se quitó los auriculares y prestó atención un tanto sorprendida.
Se dirigió al lugar desde donde procedía aquel ruido, encendiendo una a una todas las luces de las estancias por las que fué pasando hasta llegar a la cocina.
Miró a su alrededor buscando el motivo de aquel chasquido. Tal vez algo se pudo haber caído al suelo...pero no, todo estaba perfectamente ordenado. Quizás el viento hubiese tirado alguna de las macetas del jardín - pensó,- sin ninguna intención de ir a comprobarlo y regresó a la salita donde continuar con su momento de relax.
Antes de instalarse nuevamente en la butaca miró por la ventana y pudo comprobar que el cielo se estaba despejando de nubes y un claro de luna asomaba limpiamente. Aquello, por alguna razón, le tranquilizaba.
Al momento llamararon a la puerta.
-Debe ser Carlos- pensó, aunque le extrañaba, porque él tenía llaves.
No tardó en levantarse para abrír, después de comprobar por la mirilla quien estaba al otro lado. Era un policía.
-Buenas noches, señora. No se asuste, no ocurre nada, solamente estamos haciendo una ronda por estas calles y un vecino nos ha avisado que alguien extraño andaba merodeando por aquí y queremos asegurarnos de que todo va bien.
-Buenas noches, agente- todo está bien, aunque ahora que lo dice he escuchado algo en mi cocina, pero lo he comprobado y no es nada. Quizás haya sido un tiesto del jardín que el viento ha volcado, hasta hace nada hacía bastante aire.
-Bien, siendo así, que tenga una buena noche y ya sabe que estamos al servicio del ciudadano para lo que necesiten.
- Buenas noches y gracias- contestó ella a modo de despedida.
Comprobó la hora en su reloj y vió que ya eran casi las once de la noche. No había recibido ninguna llamada suya avisándole del retraso y a más tardar, todas las noches a la diez ya estaba en casa.
Carlos era su novio. Los dos se trasladaron a esa ciudad por motivos profesionales y encontraron aquella casa, cuyo emplazamiento les era muy cómodo a ambos para sus respectivos trabajos.
El se dedicaba a la gestión de empresas. Trabajaba en una compañía dedicada a la exportación de especias.
Cogió el teléfono para hacerle una llamada. Desconectado o fuera de servivio en este momento...fué lo único que escuchó. La impaciencia iba creciendo por momentos.
Nuevamente, el mismo ruído de antes. Ahora sí que sintió preocupación y miedo. Ya era demasiada casualidad volver a escucharlo otra vez.
Esta vez el sonido parecía proceder de su habitación. Se dirigió a ella decididamente, encendió la lámpara y encima de la cama encontró una corbata. Era de Carlos, pero le extrañó mucho verla allí. Cuando estuvo cambiándose de ropa momentos antes, no la había visto, de eso estaba segura.
La luz del baño, que se encontraba en la misma estancia, estaba encendida.
-¿Carlos?- preguntó. Se acercó a la puerta que estaba entornada y la abrió con cuidado...- Carlos - ...fué lo único que logró decír. Algo la abrazó por la espalda, algo, no alguien, porque ese abrazo fué una sensación fría que erizó hasta el último poro de su piel. Un escalofrío recorrió su columna vertebral de arriba abajo, contuvo la respiración por momentos e intentado soltarse de aquel abrazo se giró.
Nada ni nadie había allí.
Salió corriendo y pensó en llamar a la policía pero pudo más el miedo y el deseo de salir de la casa inmediantamente. Su mente en aquellos momentos era una tormenta de pensamientos.
Cogió su bolso y las llaves del coche y cerró la puerta de un golpe, tras de sí.
Se dirigió al coche que estaba aparcado en la calle e intentó arrancar, el temblor de sus manos se lo impedía, pero consiguió poner el contacto y salír de allí.
-Esto no puede estar pasando- se decía a sí misma. Marcó nuevamente el teléfono de su novio, pero la contestación fué la misma.
Se dirigió entonces al edificio donde trabajaba, no estaba a más de tres kilómetros de allí. Iría a buscarlo, en aquellas oficinas hacían turnos de noche y era posible que aún se encontrase en ellas.
La carretera estaba solitaria, solamente ella cruzaba por aquel paraje oscuro. En su margen izquierdo podía verse la laguna, iluminada por el claro reflejo de la luna.
Detuvo el coche en el arcén. Necesitaba tranquilizarse y respirar.
Algo llamó su atención, entre los arbustos creyó ver unas luces intermitentes. El terreno estaba en pendiente descendente, por lo que sólo veía ligeros destellos. Se acercó un poco más hasta poder asomarse y entonces comprobó que allí, entre la maleza, había un automóvil.
La primera idea que se le cruzó por la mente fué Carlos. Se acercó hasta el coche con cautela, al tiempo que marcaba el número de la policía, se acercó un poco más y pudo asegurarse que, efectivamente, era su coche.
Tenía el pulso tan agitado que no escuchaba más que la reverberación de su propio corazón . Temblorosa, abrió la puerta y reconoció enseguida a Carlos.
Tenía el rostro cubierto de sangre por el golpe recibido y la corbata lo estaba ahogando. Quedó enganchada en la puerta que, con el impacto, se deformó. El era incapaz de poder soltarse.
Ella, apresuradamente, la soltó de su cuello y escuchó la lentitud de su respiración. El tuvo tiempo de reconocerla antes de perder el conocimiento.
En veinte minutos ya estaban allí policía, ambulancia y bomberos.
Carlos se recuperó felízmente del accidente en unos meses y ella no tuvo ninguna duda, después de este suceso tan insólito en todo su conjunto, que el tema representado por sus alumnas en la función de Navidad sería "Claro de Luna", de Beethoven.
Es feliz el que soñando muere.
Desgraciado el que muera sin soñar
(Rosalia De Castro).
Me encantó!! ¡hicistes que retuviera la respiración junto a Carlos!! Mis aplausos señora poeta, toda una obra de arte la suya y un abrazo por supuesto.
Hola Lyly, muchas gracias por leerme, me alegra saber que te ha gustado.
p.d. gracias por la paciencia jejejjeje.
Un abrazo con cariño.
Es feliz el que soñando muere.
Desgraciado el que muera sin soñar
(Rosalia De Castro).
caray fueron 5 minutitos comiendome los dedos jejeje pero valio la pena el final tan premonitorio y original ... uhhh aplausos para ti amiga que me mantuviste prendido a la lectura.
Mira no se hizo largo, porque era tan grande la intriga que llené de vaho la pantalla de mi ordenador, pero si te diré que hiciste una gran narrativa y que tienes una muy buena imaginación y también que Carlos y tu me habéis quitado el apetito-la cena-espero recuperarlo, lo volvería a leer en unos días, merece la pena leer cosas tan buenas.
Es feliz el que soñando muere.
Desgraciado el que muera sin soñar
(Rosalia De Castro).
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