Al sentir tu voz ronca tan cerca de mi aliento,
al saber que para siempre te alejabas,
pensé que no había sitio para mí en esta calle,
en este turbio hotel de pequeñas ventanas.
No me puedo alegrar de haber roto el silencio,
el hielo azul celeste oculto en tu mirada,
el cabello alentado por los expresionistas
no serían para mí que los reverenciaba.
El amor siempre lejos, esquivo, angustiado.
Tantos años cuidando la lira en extremo,
traduciendo en la sombra versos de madrugada,
y ahora se me rompen los hilos de tu encanto
cuando marchas segura al tren que nos separa,
cuando la primavera asoma en los andenes
y cómicos errantes vagan por estaciones,
el alma se me hunde ebria en la soledad
de siglos que corroen, se agolpan, desesperan,
en pórticos y estancias, arcadas y recuerdos.
3
Para vivir en mí un encuentro pasado
tengo que atravesar la calle de tu infancia,
lejos, con otro acento y otras preocupaciones.
por hierro y cañones, tan lejos de la tuya
donde crecían los trigos limpios sin sobresaltos,
aquí las pesadillas eran el patrimonio
de locos que luchaban y minaban los montes
sin ninguna esperanza de batir al enemigo.
En el amplio salón donde actuabas
las cortinas cubrían la luz de aquella tarde,
¿Por qué sería tan tímido? ¿Por qué no te abordaba?
Aquel miedo al rechazo tan áspero, tan mío,
hizo que se enfriaran los roces primigenios,
la dulce avenida del enamoramiento
se teñía de gris por no saber hollarla,
y yo me maldecía por haber convertido
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