Un cuento super hermoso, lleno de sentimiento y emociones, me ha encantado, besos.
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Inmigre mis pasos hasta el secreto, reclinando un poco el asiento para que el cómodo indigente que me escudriña los rincones pudiera ir deportando la resignación, como una especie de diálisis. Comiéndome el tiritar de mis manos dispuse mi brazo a la impresión de fantasmas, con un pincel grueso de delicados puñales de caballo.
Primero se tenso la tela ante mi rostro, fuera acaso que manchaba de hediondez solo con mis cuencas umbrías. Luego se torno más suelta, como si fuera a entregarse por completo a las paredes que luego iban a sostenerle. Me acercaba con cautela mientras iba entregándose, riachuelos de púrpura se disolvían hasta el violeta dando ya las primeras líneas sin aun formas concretas, algo de magenta mientras un esternón brotaba en medio de unos pechos tiernos.
Cuando la niña emergía, se volvía mi rictus mas condescendiente, las sombras se poblaban de pómulos voluptuosos mientras unas líneas afiladas terminaban por encarar aquella naricita, sin poder apretarla entre mis manos, mecía cristalinas ondas en su cabello para que el viento graficara esa felicidad en la que solíamos envolvernos. Iría ya para los trece.
Tomaba los números para obtener mayor verdad, el 12 para las nubes, para las huellas del atardecer, con el 7 daba varillazos rápidos para ir nutriéndola de forma, al 3 y al 4 los mantenía siempre cercanos a los detalles aunque este ultimo lo designaba mas para las sombras. Podía pasarse horas, pero solo con aquel que ponía número uno delimitaba en ella sus ojos.
Pasaba los meses del año meciéndomelos uno a uno, como un día nublado. Solo volvería por aquella que me hacia ver menos entrecano, pero mi cordura se desperdigaba cada vez mas como sus visitas. Me extirparon de repente, limitando a una porción de horas mi verdadera existencia, aunque cuando la cuarta rozaba ya su luto caía como un bulto pesado del cual le colgaban los ojos, pues solo el reflejo de esos chiquitos contoneos azules podían animarme.
Imantado y sin pasos, como un secreto, reclinando un poco su cuerpo para que la cómoda legaña del ayer pudiera deslizarse entre su memoria, con el cable de diálisis. Cuando llego a la casa de reposo una niña chiquita arrastraba la silla compartiendo cómplices una sonrisa mas ahora se pasaba el día anciano, arrugando servilletas garabateadas de bocetos sin pulso, en su rincón. Dicen que alguna vez pinto, incluso que de 3 a 4 se puede ver aun un rastro de vida en sus ojos durante las horas de visita, como pidiendo que algo vuelva.
Un cuento super hermoso, lleno de sentimiento y emociones, me ha encantado, besos.
" Lo siento, perdóname, gracias, te amo". Ho'oponopono
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