La gente levanta sus banderas de libertad
y las calles se llenan de sangre de represión,
heridos y muertos huérfanos de Dios,
regímenes militares y policiales usurparon el poder,
pero van cayendo ante la fuerza de las olas
del mar inquebrantable en llamas de agua
de furor, descontento y manifestación,
que fluye de la esperanza en una noche mejor
y un día que traiga justicia, alas, paz y bienestar.
Mientras las democracias deben resolver
sus problemas económicos y de poder:
¿Quién lo sustenta?, ¿quién lo creó?
el dinero, los gobernantes, el pueblo
o las respectivas constituciones, la justicia y el amor,
todos deben rendir cuentas a ese nuestro señor,
a lo que son a lo que fueron, al máximo valor y don.
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