Aquí estoy yo, Leopoldo María Panero
hijo de padre borracho
y hermano suicida
perseguido por los pájaros y los recuerdos
que me acechan cada mañana
escondidos en matorrales
gritando porque termine la memoria
y el recuerdo se vuelva azul, y gima
rezándole a la nada porque muera.
Hay un velo entre las ruinas de mí mismo.
(Leopoldo María Panero – Esquizofrénicas o la Balada de la lámpara Azul)
Intento reconstruirme como el hombre
que sale del penal por pequeños delitos
que asustan a la buena gente,
sin dirección, sin número de teléfono,
sin los pechos mordidos de su amante
que se puso un velo que le oculta los ojos
para recibir al dios más implacable.
Ya no canto al amor como solía
y, atravesando la fría noche de mi alma,
me enamoro del silencio primitivo de mi barrio,
sin luces ni farolas.
Me abandonó la estrella
que brillaba en tus ojos
y canto
para no morir,
para abrir las ventanas
que, en esta hora
de dolor y amargura, me cerraste.
(Octubre 2009- Escrito sobre Esquizofrénicas pag. 47)
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