Quien me diera estar en un Café como el que nos dibujas al menos una vez al Mes, ya no pido más.
Querida MIEL...besos mil...![]()
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Recordando pequeños restos temporales que quedan impresos en la memoria, aparco en el puerto de Barlovento.
Un local nocturno a la orilla del mar, de carácter intimista, donde cada noche se reunían personajes variopintos, sentados alrededor de pequeñas mesas con una copa en las manos , escuchando al cantante espontáneo de turno, que ofrecía en primicia, aquellas canciones que había compuesto en un arrebato de inspiración. Probablemente en un intento de que los presentes sintiéramos como nuestros, sus lamentos, sus prerrogativas, y sus quejas al viento de amores frustrados.
No era así, casi nunca lo conseguían. Sí bien, el ambiente estaba entre humos bien caldeado, nuestra atención apuntaba directamente a las conversaciones particulares de los compañeros de mesa, sin duda mucho más interesantes.
Importaban las aventuras del aprendiz de piloto aéreo, que vomitó en las prácticas de aquella mañana sobrevolando el mar, o nos encandilábamos con las eternas reflexiones dubitativas del estudiante de filosofía, que nos regalaba cada noche disertaciones referentes a sus eternas dudas sobre el existencialismo, en un vano intento, de que comulgáramos con lo que entendía que debían ser las bases de la verdad absoluta, en una visión muy personal (algo confusa y anacrónica), sobre lo relativo a la existencia del ser humano. Importaban las experiencias vitales de aquella pareja (hoy ya…de rostros inconcretos), que vivía de regentar una taberna, y de confeccionar pulseras y collares para los turistas, después de haber recorrido medio mundo, sin más pertenencias que unas mochilas desgastadas…
Entre carcajadas, trago de copa, y acalorada discusión, pasaban las horas. La noche se acortaba sobremanera. Alguna interrupción de un aprendiz de poeta, que sacaba un papel cuidadosamente doblado de su pantalón, para deleitarnos con su última inspiración. En aquel momento, no entendíamos nada, ni prestábamos atención a lo que podía ofrecernos, el sol estaba a punto de saltar desde el horizonte al mar calmo, y nosotros a punto de marcharnos……hasta el próximo viernes, o sábado.....ahora no lo recuerdo .
Lo que sí visualizo nítidamente, es el cartel de…“Barlovento. Café-cantante”, una entrada oscura, y las escaleras poco iluminadas, que nos conducían a unas noches entrañables, en un pueblo de la costa mediterránea, dónde se quedaron aquellas escapadas de fascinantes tertulias… y un suspiro, de un trocito de nuestra juventud.
MIEL
"Veo reflejar mi alma...en la sonrisa de tus ojos"
MIEL
Quien me diera estar en un Café como el que nos dibujas al menos una vez al Mes, ya no pido más.
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Los libros son espejos:
sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro. ( Carlos R. Zafón ).
Ya no existen lugares tan "genuinos" como este que recuerdo, con una espontaneidad tan encantadora ( a lo mejor en Barcelona sí , no lo sé)... ahora, se llevan los "antros" un poco elitistas, donde prima el "glamour" y la notoriedad... como eje presencial.
Desde luego amigo Cesar, si los hubiere... sin duda, a mí también me gustaría volver a disfrutar de ellos....
Un beso.
MIEL
"Veo reflejar mi alma...en la sonrisa de tus ojos"
MIEL
Música hermana... y hermanada.
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