Recuerdo con misterio el comienzo de un poema,
las palabras se buscaban, aparecían y abrigaban
el cesto de mi inocencia, la carne de mis dudas,
alejado, en esta ciudad que nunca
tuvo en estima a los poetas, siempre desconcertado
quise abrir un camino que, de alguna forma,
me acercara
a la imagen de la niña que perdiste.

Ahora pasan las horas y busco un no sé qué
que me acongoja,
consulto en la red para saber que piensan,
que escriben los poetas en mi país ahora,
y no puedo entenderlo,
apenas hay lugares que hablen de caminos,
música que nos reclame,
nombres que nos acerquen, ideas que nos encuentren
cuando lleguen los días de la verdad que vibra
cuando, descabalgados, montemos en la muerte.