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Tema: Para Ayauh, estoy esperando que me pida la segunda y la tercera partes (2)

  1. #1
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    Para Ayauh, estoy esperando que me pida la segunda y la tercera partes (2)

    Y os contaban la historia de un amigo, de una responsabilidad, o la historia de una ausencia, o no importa que otra historia que le pudiera relacionar con algo concreto. Pero nada de ese pasado, ya que se exiliaban, les podría servir. Todavía era todo cálido, reciente, vívido, como son al principio los recuerdos de amor. Se hace un fajo con cartas tiernas. Se anudan todas ellas con suma delicadeza, y la reliquia, al principio desprende un melancólico encanto. Después pasa una rubia con los ojos azules, y la reliquia muere. Pues el amigo, la responsabilidad, la ciudad nativa, los recuerdos de la casa palidecen, ya no sirven.

    Les sentaba bien. De la misma manera que Lisboa jugaba a ser feliz, ellos lo hacían a creer que pronto regresarían. ¡Qué dulce es la ausencia del hijo pródigo! Es una ausencia ficticia ya que, detrás de él, permanece la vivienda familiar. Que se esté en la casa de al lado o en la otra punta del planeta, la diferencia no es esencial. La presencia de un amigo que, en apariencia, se ha alejado, puede hacerse más densa que una presencia real. Es la de la plegaria. Jamás he querido más a mi casa que cuando estaba en el Sáhara, Nunca unos prometidos han estado más cerca de sus novias que los marinos bretones del siglo XVI, cuando doblaban el Cabo de Hornos envejeciendo contra el muro de los vientos contrarios. Empezaban a volver desde su partida. Es el retorno lo que preparaban al izar las velas con sus manos robustas. El camino más corto desde el puerto de Bretaña hasta la casa de la novia pasaba por el Cabo de Hornos. Pero, he aquí, que mis emigrantes no se parecían en nada a los marinos bretones a los que se les había privado de sus novias. Ninguna prometida bretona encendía en la ventana su humilde lámpara por ellos. No eran hijos pródigos, de ninguna manera. Eran hijos pródigos sin casa a la que volver. Entonces empieza el verdadero viaje, ese que está fuera de uno mismo.

    ¿Cómo reconstruirse? ¿Cómo edificar en uno mismo los pesados escalones de los recuerdos? Este barco fantasma estaba cargado, como el limbo, de almas que aún debían nacer. Sólo parecían reales, tanto que se apetecía tocarlos con las manos, aquellos que, miembros de la tripulación y ennoblecidos por funciones auténticas, portaban las bandejas, limpiaban los cubiertos, lustraban los zapatos y, con un desprecio difuso, servían a estos muertos. No era desde luego la pobreza lo que provocaba, el ligero desdén del personal de a bordo a estos emigrantes, sino la densidad. No era el dinero lo que les faltaba, sino lo esencial. Ya no eran los hombres de tal casa, tal amigo o tal responsabilidad. Jugaban ese papel, pero no era verdadero. Nadie les necesitaba, nadie se precipitaba a llamarles. Es maravilloso ese telegrama que te sobresalta, te levanta en medio de la noche, te arrastra hacia la estación: ¡Ven! te necesito. Descubrimos rápidos a los amigos que nos ayudan. Merecemos lentamente a aquellos que nos exigen que le ayudemos. Ciertamente, a mis aparecidos, nadie los odiaba, nadie les envidiaba, nadie les molestaba. Pero nadie los amaba con el único amor que importa. Yo me decía: serán admitidos, desde su llegada, en los ágapes de bienvenida, las cenas de celebración: ¿Pero quién llamará a su puerta exigiendo ser recibido: “¡Ábreme! ¡Soy yo!” Hay que alimentar mucho tiempo a un niño antes de que exija. Hay que cultivar mucho tiempo la amistad de un amigo antes de que reclame su derecho a ella. Es preciso haberse ruinado durante generaciones reparando el viejo castillo que se resquebraja para aprender a amarlo.

    Creo, Ayauh, que es superior a su hermana gemela, "Le Petit Prince", sencillamente porque tiene más vida que literatura y cuentos, y nos da la medida de un hombre irrepetible. Yo no estoy en contra tuya, Ayauh, pero mi hermana María que fue quien compró el libro en Francia, adora el Principito, y éste no le gusta. No seas como ella.
    Como un pájaro en el alambre,
    como un borracho en una ronda nocturna,
    he intentado ser libre, a mi manera.
    (Leonard Cohen)

    http://vampirosypoetas.blogspot.com/

  2. #2
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    Enrique debo decirte que la primera parte me ha parecido muy buena, de verdad! el tema del exilio, del estar fuera de la patria, de la amistad, y las reflexiones
    que hace sobre la vida misma, sobre la hermandad y lo que somos en relación a los otros, la esencia del hombre, el verse a sí mismo y decubrirse también en el otro, llega mucho, creo que es distinta al Principito, en mi humilde oponión claro, no he leído toda la obra, pero he leído las críticas, pero la leeré.

    Un beso!
    " Lo siento, perdóname, gracias, te amo". Ho'oponopono

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