Vive tu vida, que yo mato a mi muerte.
A veces pienso en un disparo en mi sien
para ver si disipo a mi mente dispar.
Ya no me invade la tristeza,
la felicidad es clandestina
y perseguida por el hambre de mi locura.
Con el peso de lo abstracto en mis pupilas,
vomito truenos,
porque bebo de tempestades.
Tras la segunda noche sin verte
me siento desecho y desguarnecido:
apache sin Lunas, arco ni caballo.
Con los bolsillos llenos de poemas y manos;
El alma, llena de lágrimas;
el cuerpo, lleno de cafés
para estar despierto y verte.
Con ganas de beber,
lo haría si no supiera
que mi querido hermano me vería.
Cabalgando cielos,
me veo más como forajido
que como agricultor de Lunas:
Ni sé cuidar de mi.
Soy parecido a una estrella:
sólo se me puede ver de noche.
Ambiguo y despojo,
me he convencido de que me da todo igual para sobrevivir,
con mi misterio rompo mis parálisis,
aunque acabe con mi bilis en los labios.
Ojalá tuviera más drogas para acercarme a ti
y penetrarte.
Cada mañana me levanto con ganas
de que esa Luna me dispare,
Con los ojos a punto de romperse,
quiero una ola ardiente que me ahoge de una jodida vez.