Preciosa prosa en honor a ese amor imperecedero, sublime.
Un gran beso.
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EL AMOR IMPERECEDERO
De tu amor al mío rayos de fuego calcinan la distancia, la noche marcha en lenta amargura, se desliza por el balcón y abraza la soledad. En la yerma oscuridad tu figura es una espiga, tan sólo la brisa osa rozarla en la pared; fluye el pertinaz silencio que se alza en mi boca brillando a lo lejos tus ojos. El mundo parece no moverse, los muertos desandan, la orfandad de tu presencia me hace solemne. Mi tristeza es un altar. Se escucha el eco de mi respiración, el palpitar de mis venas, la ligera sensación de morir, la tenue vida que titila en las sienes, el hastío grisáceo de mi demencia por ti. La alcoba flamea junto a mis deseos, el canto impertinente de los grillos atormenta mis pensamientos que están ensogados a los tuyos. Me aferro al recuerdo de tus labios vendidos. El viento vuela como una mariposa bizantina, altiva, es un bufón en el portillo, la noche me execra de su manto. Los caminos huelen a ti, están tus huellas frescas, los racimos de naranjos aún cuelgan en la estancia, los muros, los puentes te extrañan al igual que yo; nunca volverás lo juraste frente al portal, aquello me hizo polvo, barro y arena. El universo se convirtió en una orquesta de llanto, mientras partías sin mirar las gardenias marchitas que a tu espalda quedaron. Mis ojos eran agua y la galerna enredaba tus cabellos, sentí la sangre galopar mis arterias,el corazón detenerse como un tren en la madrugada, tu espalda serena fue tu adiós. En mis manos quedó sembrado tu perfume, tu piel de amapola, tu vientre de largas jornadas, en un instante mis manos se hicieron sepulcro, todo el amor fue una azotada furia de una pasión que huele ayer. Tu entrega fue fogosa como un volcán, eran tus besos la esquela que contaba las alegrías de tu ser, que hermoso lucias tendido bajo el roble que daba sombra a tus mejillas. Entonces tu boca surtía mi boca de la miel de tu aliento. Con guiños de sensualidad me enamorabas, yo me ceñía a tus encantos, me hacia reina, me hacía de tus caricias. Tejía coronas de lila para tu frente, lavaba tus pies en el manantial y cazaba pájaros que cantaran a tu oído al amanecer. Quería un planeta florido, luminoso para ti, con senderos bordados de rosales, un cielo de libres palomas, una tierra de oro, un arcoiris en tu ventana y seda para cortejar tu tez. Que cada tarde el ruiseñor entonará el Ave María cuando tu rostro bendito a la calle saliera con una procesión de lauros y claveles doquiera. Anhelaba llevar tu nombre como mi estandarte, tu ternura como un prendedor y tu amor el diamante azul de una Marquesa. Hoy que veo tu espalda como despedida descubro que eras un ave de paso y yo una Dulcinea de sueños. Ni el cielo que brota lluvia comprende mis lágrimas. La noche es inmensa pero más inmensa es sin tu voz a mi costado, ni la tibieza de tu cariño todo es tiniebla, fango y olvido. Qué fue de tu promesa sobre la cruz de alabastro cuando prometías que no volverías a ver el horizonte sin mi compañía, que las horas en mi ausencia eran un martirio. Prometiste que haríamos nuestro el ocaso, el invierno y las hojas caída de los árboles. Nada nacerá y renacerá sin ti. Sólo existe la eternidad de la nada. Te llevaste en tu valija mis ganas y mi fe en los dioses, destrozaste mi historia, mí hoy. El amor es una fuerza que crea y destruye. La noche está cesando en las montañas un nuevo y pálido día me espera sin tu risa, suspiro con la clemencia de un moribundo, ciento que mi alma cada segundo expira, el olor a tumba es cercano. Pido a quienes están en los cielos recibiendo los difuntos con peregrinos pecados se le perdone la pena que causó. En la tierra ni me lloren, ni se alegren, felices los felices, los muertos a su infinitud que la vida no retorna. Ufánate amor de ser dichoso en los brazos de quien te ensalza y cuando sepas que mi alma le crecieron alas no te embargues de tristeza. Sé la príncipe de tu castillo era todo cuanto en verdad querías, pero esta humilde cultivadora de quimeras no podía ofrecértelo. Mi grandeza no está en ese castillo, está en la devoción que mi sabía te brinda con la sencillez del amor beato. Mi último deseo es que plantes un roble en mi panteón para cuando crezca su sombra le de sombra a mis huesos como un día le dio sombra a tus mejillas. En mi lápida ha de rezar: “La carne muere, los huesos limadura, pero el amor es imperecedero”
"Mis versos nacen en mis venas, se deslizan por mi pluma y viajan en las alas del tiempo"
Preciosa prosa en honor a ese amor imperecedero, sublime.
Un gran beso.
" Lo siento, perdóname, gracias, te amo". Ho'oponopono
Saludos mi querida amiga, gracias por estar siempre.
Besos con todo mi cariño.
"Mis versos nacen en mis venas, se deslizan por mi pluma y viajan en las alas del tiempo"
Pues opino al igual que tú que "El amor es imperecedero", de hecho yo no concibo otra forma de vivir que estando enamorado. Es otro de mis muchos defectos.
No es un defecto mi querido Atamar es una condición humana y por naturaleza válido, sin esa ilusión el mundo nos seria sin sentido, sin música, sin color.
Gracias por dejar tus lindas huellas. Besos.
"Mis versos nacen en mis venas, se deslizan por mi pluma y viajan en las alas del tiempo"
¡Ohhh! Muy inspirado y muy romántico.
Te felicito![]()
Saludos mi querida Mave, gracias por estar. Besos con todo mi cariño.
"Mis versos nacen en mis venas, se deslizan por mi pluma y viajan en las alas del tiempo"
"Hoy que veo tu espalda
como despedida descubro
que eras un ave de paso
y yo una Dulcinea
de sueños.
Ni el cielo que brota lluvia
comprende mis lágrimas.
La noche es inmensa
pero más inmensa
es sin tu voz a mi costado,
ni la tibieza de tu cariño
todo es tiniebla,
fango y olvido.
Qué fue de tu promesa
sobre la cruz de alabastro
cuando prometías
que no volverías
a ver el horizonte
sin mi compañía,
que las horas en mi ausencia
eran un martirio.
Prometiste
que haríamos nuestro el ocaso,
el invierno y las hojas caída
de los árboles.
Nada nacerá
y renacerá sin ti.
Sólo existe
la eternidad de la nada.
Te llevaste en tu valija
mis ganas
y mi fe en los dioses,
destrozaste mi historia,
mí hoy".
Querida Yaneth.
Es una prosa tremendamente triste, muy sentida; una prosa que ha sido escrita con un corazón roto, con sangre escarlata que se derrama por tus dedos mientras escribes cada palabra.
Muchas veces sufrimos innecesariamente, pues creemos que las cosas son de una determinada manera, según nuestra propia visión de los hechos, pero quizás la espalda que ves no sea la de un adiós, sino la de un silencio necesario en busca del descubrimiento de los verdaderos sentimientos. Muchas personas prefieren guardar silencio para encontrar en su interior la verdad y de esa forma descubrir el camino correcto para seguir el sendero de la vida sin lastimar o herir a las personas que habitan su círculo más íntimo.
Las personas no piensan, no sienten, no ven las cosas de la misma forma que uno las observa o las vive, se mantienen encapsulados en sus propias verdades y miserias sin permitir realizar a otros, lo que realmente desean hacer.
Muchos son los factores que distancian a las personas, pero no necesariamente ha de ser la falta de cariño o amor, a veces son otros los motivos de mayor peso lo que las impulsa a la distancia involuntaria, al silencio y la soledad interior.
Quizás tu amado está sufriendo una condena mayor a la que tú llevas a cuestas.
¡Felicitaciones por una excelente prosa en donde aflora el sentimiento vivo!
Un beso y un cálido abrazo desde mi verde valle.
Cecill Scott.
El creer forma parte de una mente amplia,
abierta al entendimiento y a las razones
que nacen de nuestras propias capacidades
de discernimiento.
Cecill Scott.
Cuanta verdad mi querida Cecill, pero nada puede mentir que las actitudes.
Ciertamente fue escrita en un momento muy doloroso para mi, pero ahora es historia y puedo continuar mi camino en paz.
Siempre agradecida por tu gentileza mi muy querida amiga.
Besos. Mi admiraciòn siempre.
"Mis versos nacen en mis venas, se deslizan por mi pluma y viajan en las alas del tiempo"
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