I
Calmo con bourbon el frío que desprendes esta noche,
y caldeo la urbe con mis frases y su aroma.
La Luna me dice que quiere relucir en tus pezones,
y recito mis versos por tu piel.

Pero tú no quieres...
no quieres más que mi azul y tus poemas...
y como siempre, me disparas a quemarropa con tu frío,
y dejas que los borbotones de mi sangre se queden
sin labios que los beban...

II
Con cada parpadeo destellan
las agujas de mis ojos,
que se hunden;
son mis puñales translúcidos...
No veo qué flor brota
de mis ojos.

III
Abriste tus fauces de Luna
y me devoraste como si fuera una mísera estrella.
Rugí en un reflejo oscuro
sangrando frenéticamente,
y un perro ladraba,
y un gato azul maullaba,
y yo ya no recordaba como aullar.

Tú te reías otra vez,
y tras saltarme dos pesadillas
por no interrumpirte
choqué contra la certeza del suelo.

Mis puñales relucían más que nunca,
y tú los afilabas con tu lengua,
invitándome, mi cínica, a tirarlos a la basura llena de liras.

IV
Borraste el tatuaje de mi piel y mi alma
y desbalijaste el contabajo
que latía en mi pecho inerte.
El saxo erecto que resonaba vibrante
en tus tímpanos
pareció ser poco más que nada,
y con demasiada droga en mi cuerpo me reí de la vida...
al cerrar tus ventanas secas
y abrir las mías,
buscando una rosa que quisiera mi rocío matutino.

Tengo hasta las séis,
y no me harás arrepentirme.
Con la muerte en mi pecho,
dolorosa
e imborrable,
irrefutable cada vez que mi corazón se hace pequeño,
tiemblo con el frío.
El frío que me brindaste con cada copa que sabías que acabaría por
tomarme.

¡Viva el recuerdo!

Muere seca, como te encanta,
con mis labios en un dibujo, como necesitas.
Date a la ficción y al abstracto,
seguirás con tus viajes a la nada y a el vacío...