Buscando la excelencia
se me olvidó que se trataba de amar,
de contar experiencias, de hablar sin más;
no de descubrir nuevas metáforas
sino ideas, pensamientos, sentimientos
y emociones;
no de engalanar frases
ni aquello que escribiera,
sino ser tu humilde amante y pareja,
tu humilde confesante y confesor,
tu viva voz, mi corazón hablándote.
Y dejar las poesías elaboradas
para aquellos que sepan de ellas,
cuando yo solo sé de ti
y ni siquiera eso
sino que solo lo pretendo:
Saber y conocer algo más
de lo que en realidad sé y sabré.
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