Muy bien expresado tu relato sin embargo la venganza no es una buena salida, eso llena el corazón de odios y resentimientos, a veces
el perdón y el olvido pueden más.
Un gran abrazo!
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Hola a todos, quería compartir con ustedes un cuentillo que escribí hace unos días... Forma parte de una serie de cuento interrelacionados, aunque por ahora el resto se qeudarán en la libreta ^^
A ver que les parece el cuento y lo que cuenta el cuento (: ¡Gracias!
El fuego cruel
AQUELLA guerra! El tiempo
un año y otro y otro
deja caer como si fueran tierra
para enterrar
aquello
que no quiere morir: claveles,
agua,
cielo…
Pic… Pac… Adoraba los versos de Neruda que mi padre me enseñaba de pequeño. Era muy poeta él -pese a morir con un fusil-, “los cadáveres siempre se enfrían”, me repetía; he pensado mucho en sus palabras, pero aún no he logrado descifrar la trascendencia existencial que seguro que encierran.
Recordé el día del juicio, las paredes eran azul hielo y había gente con trajes negros, necios y palabras, muchas palabras, como una lluvia de carámbanos… El fiscal tiritaba. “Inocente por falta de pruebas”. ¡Qué hermoso! Pero no iban a rendirse con eso…
Pic… Pac… Di otra vuelta sobre el colchón, que tenía una especie de malformación en un lado, como si estuviese enfermo… aunque al menos este no olía a meados. El servicio había mejorado mucho, desde luego, pero mis huesos ya no encajaban como antes.
La mañana que me detuvieron estaba en el salón, bajo una manta, leyendo esa novela extraña, Los hijos perdidos de Van Gogh. Después me llevaron a comisaria, al despacho del inspector, a quien perdí el respeto por no llevar en pleno invierno la gabardina reglamentaria… “Es usted el sospechoso número uno” dijo. Muy bien.
Pic… Pac… Grifo de los cojones. Pic… Pac… Era igual que el de casa, a mi sobrino nunca le dejaba dormir… Cuando esto acabara tendría que llamarle, lo celebraríamos bien, aunque él solo viese en ello botellas de champan y despropósitos; no haría preguntas.
- Cambio de guardia- dijo una voz al otro lado de las rejas.
Cuando descubrieron el cadáver yo estaba en ese parque de diciembre, echando una siesta a la espera de la providencia. Lo vi en el telediario de las siete; lo encontró una sirvienta aterida, de esas con falda, y avisó a la policía. “Junto al cadáver aparecieron documentos de distinta índole que la policía mantiene en secreto”.
Pic… Pac… Pasó un policía junto a mis barrotes y me miró inocente, como quien cree que mira un excremento. Entonces pensé, que estos policías nuestros no habían cambiado tanto; antes iban de gris y ahora tenían gorras nuevas; como Julia, cuya lencería depende del escenario.
Yo si monté un buen decorado con el muerto: le vestí con su viejo uniforme, le senté en su escritorio y delante de él coloqué su libro de cuentas, deliberadamente abierto en el año 68, sus fotos con el caudillo y su hoja de servicio. A ver qué tal les sentaba a sus camaradas demócratas.
Pic… Pac… Recordé a los estudiantes de hará unos días, escapando de una carga policial “¡Boloña es privatizar!”. Será que las cosas no habían cambiado tanto... Y esos pensamientos me devolvieron a la frágil superficie que el tiempo asentó sobre la laguna de mis recuerdos, como un lago helado; sabía que de no ir con cuidado, se agrietaría el suelo y me hundiría otra vez en la memoria liquida, helada, en mi hipotermia emocional.
Recuerdo su horror cuando por fin supo que iba a matarle; tenía la mandíbula tuerta por los golpes y la desesperación. Le puse el cañón de la pistola de póker en la frente y empecé a recitar los versículos que él siempre empleó en sus ejecuciones, pero cambiando su nombre por el de Marta, exactamente como lo había dicho él haría cuarenta y dos años. Entonces comprendió y gritó de terror, quiso revolverse, escapar de lo inevitable… Pero todo acabó en un segundo ¡Clic! El cañón retrocedió con una reverencia, orgulloso.
Pic… Pac… Y es que es escalofriante como dos polos como el circo y el régimen se enredan de este modo; unos tan serios y otros tan payasos, caen uno siempre en las redes del otro, como Ortega Lara, que un buen día pasó de carcelero a contorsionista.
Y eso andaba pensando esa noche, mientras le retorcía los dedos con el mismo chisme que él había utilizado años atrás. Gritaba y se retorcía, pedía clemencia “¡Te daré dinero!” decía… Y yo le enseñaba la foto de Marta, esa en que sonríe enseñando el anillo de compromiso, hará cuarenta y cinco años ¿Hubo clemencia entonces, hijo de puta?
Pic… Pac… A veces creo que caímos en una nueva era glacial, la de los números, la del vacío y las mentiras: la nuestra. No sé cuando sucedió exactamente, pero ahora parece imposible escapar de estos baldíos helados; nos entumecen, el dolor es más ligero y nos creemos que la hipocresía nos abrigará de este vacío…
- Tu, el 34- me señalo alguien al otro lado de la reja.
Me sacaron de la celda, había llegado la hora, otra vez.
…y no hay sino la piel para pelearle,
no hay sino las banderas y los puños
y el triste honor ensangrentado
con los pies rotos…
Recitaba en mi cabeza, mientras atravesaba las puertas de la audiencia nacional. El fuego cruel, que irónico… en el tribunal todos iban bien abrigados y cada piedra del lugar parecía desprender un frío onírico, o de pesadilla, que crujía mas allá de la piel. Será que los cadáveres siempre se enfrían… Alguien debería empezar de una vez a cavar tumbas, la podredumbre persiste.
Tethis
Muy bien expresado tu relato sin embargo la venganza no es una buena salida, eso llena el corazón de odios y resentimientos, a veces
el perdón y el olvido pueden más.
Un gran abrazo!
" Lo siento, perdóname, gracias, te amo". Ho'oponopono
Jaja gracias Ayauh, eso es lo qu quería explicar, que todos quedaron llenos de odio, fríos, atrapados en venganzas etc.
Saludos y besos!
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