FEBRERO 2008
POEMA DEL MES
Poema: En primera persona
Autor: alexa
Tus ojos se clavaron en los míos,
me viste frente a frente en el espejo,
¿Será porque buscabas mi consejo
tratando de llenarte los vacíos?
Tus dedos los percibo siempre fríos,
tu piel es un autlíntico pellejo,
lo digo sin mentir… soy tu reflejo,
no trato de vender mis desvaríos.
Podrás girar acaso la mirada,
podrás justificarte con manías,
condena lleva tu alma amortajada
viviendo un calendario de agonías,
te alejas y me dejas censurada
con humo en los pulmones de elegías.
POEMAS DESTACADOS
Poema: Días de radio (o cuando reconstruimos la vida)
Autor: Hallie
Y las trompetas hacían el aire más espeso
respirando un fulgor esculpido en canela;
las longitudes de tu onda
abanderaban el mito óseo de los amores callados,
el tenor afianzaba sus voces en la memoria con ventanas,
todo auspiciaba este baile de zafiros casi cósmicos
de infancia con grafito y lona
-Serás un dibujante de comics-
dictó el espejo con horizontes de papel
y estalló el barco que robaba nostalgia
cerca o lejos(no importa ya)
Descubrirse en el tranvía era más complejo:
escuchar el níveo humo de las avenidas,
rescatar el cine español con besos de madre,
y apuñalar las manos con lirios
para vivir la pasión subliminal de los ausentes…
Poema: Palabras a una joven mujer enamorada
Autor: Marcelo Galliano
Y piensas que me amas y estás segura de ello,
por eso antes de verme te arreglas el cabello,
te perfumas el rostro y enfocas la mirada,
y hablas con voz muy queda de niña enamorada.
Me ves como un gigante repleto de tibieza,
yo me siento tan lento cerca de tu presteza,
escuchas mis palabras como la vez primera,
y son tan sólo ruidos de antigua primavera.
Vas por allí citando mis sepias ocurrencias
frases que ya gastadas son meras apariencias,
hoy por tu boca el mundo desborda de mi nombre,
fuera de mí no hay nada que con pasión te asombre.
Lentificas tus pasos para no verme viejo
sin saber que en mi juego ya no queda trebejo,
ya no hay árbol que en celo florecerá en la aurora,
un reloj infinito me marca mi deshora.
No soy más que un puñado de libros que he leído,
un manojo de sueños tan difuso y perdido,
unos años vividos que ensucian tu desvelo,
un peso tan inútil que hoy enturbia tu vuelo.
Yo: la voz ya rasgada repetitiva y rancia.
Tú: los labios inquietos llenos de luz y ansia.
Yo: un crepúsculo bruno, y oscurecido, y triste.
Tú: la alborada clara de todo lo que existe.
Hoy quiero que te marches, que te vayas muy lejos
donde mis rasgos canos no manchen los espejos,
donde puedas mojarte sin temor si diluvia,
sin cargar con mis torpes reparos a la lluvia.
Yo slí que ahora lo niegas, pero verás el día
en el que me agradezcas esta sentencia mía,
este exigirte, acaso, que corras muy de prisa
para que de tu labios no se pierda la risa.
Vete sin mí y no vuelvas, no pienses en las rosas
que cultivó este anciano, sabrás que hay otras cosas;
que apenas una brisa tu corazón invada
sólo serlí un recuerdo, difuso, casi nada.
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