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Para este àrbol
quiero una ardilla.
Subiendo por sus ramas,
en su boca
lleva una avellana dorada,
su cola es suave y sedosa.
Es ingenua,
no sabe de dolores,
no sabe de guerra,
no sabe de muertes.
Tiene esperanzas,
siempre espera encontrar
ese bocado que le deleita;
que llena su alma de ardilla
de inefable dulzor.
La miramos, nos miramos,
vemos
el uno en los ojos del otro:
Amor.
Noviembre 2009
Poeta autor: Odisea de un Verso. Antología.
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